Las últimas gotas de la botella
cayeron en el vaso de cortesía
que nadie usó,
todos estaban de luto,
todos eran políticamente correctos
y se rehusaron a invadir
aquel vaso ajeno.
Y la persona adjudicada al premio nunca apareció
así la gente creció
con una espina permanente
y penetrante en su memoria,
todos tenían mejores ideas
para esa historia,
pero nunca nadie se atrevió
a contarlas.
Las gotas jamás se evaporaron,
dicen que esa evidencia
es más fuerte que cualquier
quemadura de cigarro,
un chupón asesino
o una caída intrépida
buscando imitar a la sobriedad
en la pista de baile.
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